el escritor es un samurai


sábado, 18 de diciembre de 2010

Derrame


Tiemblan hojas de otoño sobre una alfombra de sueño indeleble, aceras pisoteadas por un azar que se burla de ti. Y ya es invierno.

Dios que no existe y sin embargo absurdo anhelas desde este mal inevitable, mágica raíz de caballito volador perdido entre nubes. Bajando, girando la calle: mujeres que venden su cuerpo hasta las diez de la mañana, mendigos abrazados al frío en un rincón sin nombre, portal de hielo que algunas botas atraviesan con inquina, risas de niñatos modernos que no ven más allá de sus plazas botellón, policía – se ruega silencio – .

Gracias por el guiñofresapuñalasombroestigmanada de mil novecientos noventa y algo, por la no tú devorasueños de un chaval que sólo sabía de fútbol en la calle sucia, mil pesetas con abuelo los Domingos, aislado sol de huerta entre semana, silencio de cebolla y ajo, olor a tierra deseable con la lluvia, bicicleta nómada y zapatillas de deporte en el escaparate nunca, cintas tdk que hoy sangran cromo en algún lugar desconocido.

Sigue hoy. Mantas de carmín para el absurdo sin tregua de esta pisada amable y silenciosa. Sabe a ti este perfume Eusebia que nos llevará otra vez a debatirnos en el frágil ronroneo de metal y fuego, el orgasmo que a la mañana no quiere darte nube es un encontronazo más contra este cartel que siempre reza “ocupado”.

(Canto porque hay una promesa que me roe el estómago con su letra opaca, canto cuando tengo sueño porque quisiera asombrarme otra vez en tu presencia que nada tendrá que ver ya con la de hoy, canto porque me sale de los ovarios tuyos y hay una certeza destino que se apaga si no grito tu nombre mariposa, impulso ciego que me arrastra a continuar la senda sin retorno del samurai que teclea. - fragmento desechable - )

No hallarás esa luz esquiva con su nombre, ni siquiera un iris similar más allá del océano llamado cuento o partitura. Susurra, intenta crear habitación, puerta, llave y cerradura, basta de leer en los posos del café. Escribe toda la goma dos que dentro te urge a escupir relojes.

Ahora imitas y lees obscenidades en un tablón de donde cuelga esa verdad que duele. Mueres como un paria desolado por alcanzar el punto exacto de su piel rallada, caminata que trepa entre cristal de vasos y besos extraviados en el humo de una cuerda floja, sutura. Quisieras emprender la marcha de un encuentro enmarañado entre serpientes sin maldad. Hay una sombra en todo esto y lo sabes. Quimera que golpea el rostro del agua, deseo que te observa desde el ángulo convexo de un espejo mutilado. Se muerde su tinta roja el corazón que bombea como un néctar derramado a chorros de nostalgia.

Quisieras creer en algo antes de abrir los ojos a este traqueteo que a su antojo procrea máscaras y sueños. Miente con fidelidad y estilo, después olvida. No tomes en serio el inicio de una oración principal. Casi todos los cuentos que recuerdas se asomaron por la puerta de atrás, te desbancaron las ideas y escaparon después por la entrada que habías tenido en la memoria.

No basta con retener en la imaginación un punto. Hay que lanzarse sin paracaídas desde el hielo de una despedida, desde el destino del viaje sin brújula, desde el cadáver que busca a su asesino en mitad de la niebla.

Nuevas estaciones deshilarán hasta un comienzo innominado de la historia que sólo conoce nadie.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Afeitarse todos los días puede ser un pecado terrible

Hace un día demasiado otoñal, el viento golpea las ventanas y chilla entre esas rendijas de las puertas correderas. Después de fabricar una canción acorde con el clima y el paisaje e intentar una letra simple en cualquier otro idioma que logre en parte hacerme olvidar, desahogarme en la nieve, agarro el libro de Hölderlin y me voy al parque de los Lobos donde el espacio de esta incomprensión latente cambia al menos de matiz. Ya sé qué te preguntas, no hace falta que lo digas, de sobra sé que nada de esto sirve para nada. Tampoco importa demasiado, sé que alguien me acompaña tras el cristal de su locura dócil o tras unas gafas carnosas que saben a carmín. Tal vez real esa neurosis de diamante o quizás también literaria sobre la flor del tiempo, ejemplos nos sobran en este país. De gira por psiquiátricos - vaya vidorria la tuya dios Pan - o “mordido por un tren hambriento“ podría seguir enumerando estatuas de este parque con su visión hecha palabra, desembocando realidad, aseverada contra todo movimiento mezquino… pero resulta triste, malditismo cultivado lo llaman los amantes de los ismos, esclavos de su tiempo y de una publicidad que induce a este vacío cómplice. Afeitarse todos los días puede ser un pecado terrible, así que no dudo en dejarme crecer la barba. Gracias Pedro, se nota que indagaste en Sören al que ahora pintan con joroba sin leerlo. Un libro como este del eremita en Grecia o aquel que tiembla en la mesa de madera con una tentación de muerte - no cualquier libro - es suficiente para afirmarse en la vida con cierta garantía de carácter único. Lo humano que pervive como una piedra rara en letra impresa, dentro ya del insalvable margen de los bancos sin almohada que estáticos adornan un desolado paisaje, instaurado en el casino global de este mercado sin memoria que la inmensa mayoría acepta sin más como mundo.


sábado, 9 de octubre de 2010

UNO


Alrededor de este despeñadero no se oye ningún rumor de automóvil por la noche, estoy tan solo que el río atraviesa este cuarto de pintura y piedra, reflejos de unos días en los que aprendo a mirar la vida desde otros ángulos, no sin el temor de los primeros pasos, sin esta inseguridad que ya forma parte de mí. Sara dice que apostar por el arte es tan duro como ser el último habitante de la tierra, que nuestros sueños se regeneran a golpe de azar y que hay que ser valiente para lanzarse de cabeza con un mapa vacío como el que nosotros elegimos, la intuición es el motor de su vida desde que abandonó Brasil. Yo me defiendo con ridículas razones esenciales en mi tragedia cotidiana, en la mochila no llevo colores y tengo la desventaja de seguir en este país de cainitas, la sensación de no avanzar, de seguir hundiéndome en el lodo, dibujo una sonrisa con la íntima desgracia de quien sabe de lo que habla sin que nadie más sea capaz de comprenderlo, ella sabe escuchar, pero antes de salir de la pieza añade que todo eso debería verlo como algo ventajoso, irritado me encojo despidiéndome con la mirada, me siento tan lejos del mundo que apenas puedo dormir en mi primera noche aquí.


A media mañana hemos estado recorriendo parte de la zona, el pueblo está lleno de calles empinadas cuyos desniveles hacen bastante penosa la tarea del caminante, Pietro habla de las colinas que ha dejado en Turín mientras acaba su cigarro, dice que ha sabido plasmar las suaves curvaturas del destino en su primera exposición “senos del Belbo”, y se le ve satisfecho

- Nada que ver con estas cuestas del demonio – dice con su particular acento

Después hemos bajado al río y hemos contemplado en silencio las señales de la naturaleza. Ellos sacíándose en colores nuevos, texturas del paisaje, luces y sombras del atardecer. Yo anotando soplos fugaces, diálogos en el aire, personajes flotando todavía en la niebla.

domingo, 18 de julio de 2010

TRES

Aquella mañana salí hacia el pueblo con Pietro para desayunar y comprar algo de comida en la tienda, aproveché el paseo para hablarle del personaje que estaba introduciendo en mi novela y de mi dificultad para situarme en su cultura procedente de Italia. Al llegar a Río Hule las montañas desaparecían y podías ver el Rugaseo atravesando la llanura hasta perderse invisible en el horizonte, era difícil imaginar que algo así tuviera su fin en el mar. Pietro sacó de su bolsillo la navaja para cortar el pan que todavía estaba caliente y me ofreció un pedazo generoso.

- En esta comarca todo es aridez. Voy a empezar una serie de oleos con esa temática, pintaré un río tan sucio y ridículo como éste - decía mientras yo me llevaba el trozo de pan a la boca-, y al fondo la seca vegetación y quizás aquel monasterio olvidado de arriba.

Regresamos por el camino agreste hasta la residencia en lo alto de la serranía. Al llegar Sara nos saludó desde el mirador y nos hizo una señal para que compartiésemos con ella algunos cigarrillos. Nos contó que la pareja de argentinos había marchado esa mañana y que Ingrid estaba recogiendo todo para irse por la tarde.

- Entonces nos quedamos solos – dije.

Apuraba mi cigarro observándola, por un instante descubrí en sus rasgos y en sus formas respuestas concretas a ese personaje difuso que estaba empezando a construir.

- Sí, pero tres son multitud – dijo irónicamente Pietro.

- Preferible la multitud y el caos a la monotonía de una pareja convencional – sentenció ella.

- ¿Alguién ha hablado de pareja? - pregunté confundido.

- Tu problema es que siempre te das por aludido hermano – señaló Pietro.

- El artista no puede salir de su subjetividad – afirmé.

- ¿Qué os pasa tontos? pensaba en la pareja que se fue esta mañana sin despedirse.






martes, 11 de mayo de 2010

viejos inicios, bocetos, rescatando impulsos narrativos

Adán era de ese tipo de personas que todo lo sueltan, nada le hacía estremecer hasta el punto de quedarse sin palabras, clavado en un instante que requiere de acción. Eso no iba con su carácter. Cuando tenía la certeza de que algo le estaba removiendo, por muy pequeño que fuera, él se lanzaba inmediatamente a la aventura, sin pensarlo.

Aquella noche algo le hizo sentir que estaba cerca de emprender otra aventura, un destello de luz en unos ojos verdes o marrones. En seguida se acercó disimuladamente a su objeto de deseo, ella parecía distraída, intercambiaron primeros gestos y palabras, y tras una charla furtiva empezaba a comprender la dimensión de aquel intercambio, presintió esa sacudida de la que tanto hablaba Javier en las tertulias, ese desgarro que él se empeñaba en negar con su teoría materialista de la acción.

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Javier tenía las manos en los bolsillos, la noche había refrescado mucho y ahora que el sol estaba a punto de hacer su aparición definitiva empezaba a sentir un peso de frío en las articulaciones, en las manos, por toda la cara, los efectos del whisky habían cedido por completo, caminaba como un cadáver solitario sin poder olvidar las últimas palabras de su amigo “sentir más las cosas y no pensarlas tanto”, para él eso suponía traición a su propio espíritu del cual no podía deshacerse, consideraba completamente injusto cualquier tipo de sentimiento. Lo más duro es que nadie lo comprendía, un exceso de cariño, todo aquello le resultaba cínico y trataba por todos los medios de asimilarlo con ideas, como una especie de pensador o filósofo, la ironía del amor como falacia en la que alguien como él sólo podía entrar para estudiarla y comprender sus mecanismos, adoptando una pose de distancia que le permitiera escapar. Si en el fondo no fuera un tipo sensible sería feliz. En realidad ya empezaba a vislumbrar aquí la culpa de su inteligencia, como si entregarse a los demás fuera un crimen, su análisis le hacía todavía más vulnerable y solitario, le costaba mucho reprimir el odio hacia su amigo, era demoledor sentirlo en contra de su razón, luchando contra sus propios impulsos… se le cerraban los ojos llegando al portal de casa

pero esas normas las pones tú mismo… cómo odio a Vila… - se decía -

es tu inteligencia, tu conciencia…. y no eres nada sin eso…

en estos momentos se la estará follando, el muy cabrón...

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En el quicio de la puerta un extraño te cogió la mano, y sonreías, abrupta, endemoniada, nadie pudo sostener tu cigarro que acabaría en el suelo pisoteado por mi rabia horas más tarde, había que matar el fuego, aunque sólo fuese una metáfora. Dentro pasó lo que no vi, no tengo ganas de inventarlo, sé que me fui a Helsinki, que sólo tenía 100 euros y un cartón de cigarrillos, que en todo el cielo de europa se oía tu portazo, quise poner fin a la historia y algo tenía que ocurrir ahora en el vacío, con mi vida en el aire.

Aterricé enseguida, seguramente me quedé dormido, en Helsinki hacía mucho frío y era de noche, pronto supe que en esa estación del año casi siempre era así, sin sol, helado, justo lo que buscaba, después de todo estabas huyendo del fuego. Las maletas circulaban con una rectitud extraña, apiladas ordenadamente por toda la cinta, pronto pude ver lo mal que estaba, en una pequeña columna de metal pude verme reflejado, mi cara, el pelo grasiento y descuidado, la barba insultante y negra en mitad de cientos de miradas nórdicas, me di cuenta que estaba provocando sin buscarlo y sonreí, era posible comenzar de nuevo, estaba solo para recomponer un puzzle infernal, necesitaba nieve y realmente el sitio era el adecuado.


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Está sentado junto al fuego en una alfombra algo rasgada y dibuja algunos rostros con un lápiz de carbón. Opina que de ese modo ejercita dos naturalezas antagónicas que pugnan por anularse en su interior como dos sexos culminantes. Porque él dice que cuando dibuja un rostro conocido sólo quiere despertar algo indefinible, ese resultado de oponer las facultades humanas en su justa medida, ese equilibrio, esa unidad que nos eleva.

Que conste que estas conclusiones mías son el resultado de una distendida charla que mantuvimos hará cosa de un mes. Me pareció tan interesante y revelador todo aquello que tuve que parar la entrevista a los pocos minutos y pedirle que me permitiera gravarla. Él, por supuesto, aceptó. Aquí transcribo una reproducción exacta para que ustedes puedan opinar por sí mismos y hacerse una idea de lo que les venía diciendo, ya saben que falta el inicio de la conversación (apenas unos 7 minutos).

- Bueno, ya está. Por favor, ¿podría volver a comentar lo de su primer retrato?

- Sí, claro. Por aquel entonces tendría yo apenas unos doce años, era el verano de mil novecientos cincuenta y seis si no recuerdo mal y alguien decidió que debía hacer algo en vacaciones, se ilusionaron con la idea de que aprendiera a tocar el piano. La cuestión es que aquella tarde vi una imagen que me marcaría para el resto de mi vida. Salía yo de una clase de música, la calle estaba llena de gente, la noche empezaba a caer, todavía se reflejaba alguna nube en el asfalto mojado por la lluvia de esa misma mañana, el cansancio y el calor se mezclaban en mis huesos, estaba haciendo un verano muy extraño, resultaba asfixiante. Caminaba en dirección a casa, mis pasos eran muy lentos y pesados, la boca se me secaba cada vez más, apenas tenía saliva, necesitaba agua. Me dirigí entonces a una fuente que encontré situada en la esquina de una glorieta, estaba algo escondida, me incliné un poco para beber con los ojos abiertos y lo vi.

- ¿se puede saber qué fue lo que vio?




miércoles, 28 de abril de 2010


Redactar, narrar, se me hace tan complejo. Uno siente con facilidad aspectos problemáticos de lo literario ante los que le resulta imposible no detenerse, la imposibilidad de una comunicación plena a través de la palabra, la cadencia rota en favor de una trama más ágil, sacrificar lo revelado con la vana ilusión de que la propia historia sea capaz de hacerlo llevar por sí misma a cualquier lector, inventar personajes que no pueden desprenderse de lo que eres, de lo que ves, de lo que vives, *lo incompleto de la escritura como arte, aspectos que pueden tratarse en el poema o en la disertación metaliteraria ofrecen una gran resistencia en la construcción de historias, para lo narrativo. Porque narrar implica desarrollo, personajes y sucesos, capacidad expansiva, concreta, allí donde la síntesis abstracta se me impone, a menudo con un vuelo versátil propio del poema que no es más que disfraz, palabra enmascarada y huérfana de género que se pierde sin solución.



*digamos que es lo incompleto de la escritura como arte a diferencia de por ejemplo la pintura o la música.

miércoles, 21 de abril de 2010



En la forma de una sola palabra sin querer desde el cielo el cuchillo puede clavarse irremediablemente en la inmensa carne de madera por la que fluye la sangre estrangulada.

Con ese filo en la garganta propia no duda nadie que yo sepa su nombre estremecer aunque a veces sea inevitable por ejemplo temblar deshidratado en la nieve de temperaturas altísimas, en desiertos parajes, rodeado de frío o de puro fuego, sin flores que sentir en los ojos helados, indiferentes ante los rayos penetrantes de un sol plastificado que extraño alumbra noches y noches, mis ojos junto a la arena descolorida de esta playa de hielo que endureciendo el paisaje se extiende hasta la última avenida de un sosiego insípido, tú en diciembre fumando cigarrillos, esperando en la casita mis cartas, felicitaciones, posdata, más... con el aire en el iglú de cristal junto a nubes blanquísimas y enormes, deseando arriba, transviviendo, muy lejos de estos cuerpos chamuscados que apestan a temor y olvido.

sábado, 13 de marzo de 2010

no parar era la única norma

En la residencia el tiempo transcurría deprisa, ni siquiera teníamos televisión y el núcleo urbano más próximo se encontraba a unos setenta kilómetros. Que las cosas no salieran al llegar había sido uno de mis principales temores, normalmente no llevaba bien los ratos sin saber que hacer, sin tener donde ir entre tanto silencio, sumido en el aburrimiento y en una soledad absurda como la que probablemente me invadiría si no encontraba pronto el nervio, la inspiración, el arranque. Y lo cierto es que desde el principio las frases me fueron brotando con espontaneidad hasta erigirse en bloques autónomos, no me importaba desconocer parte de los elementos o el fin pretendido de la acción, el rompecabezas de la trama se iría armando con su propio ritmo, “no parar” era la única norma, había una frescura y cierto ritmo artesanal que se me revelaban nuevos, pero al acostarme cada noche tocaba batallar con los pensamientos que bordean la vida y sus palabras, desde algún rincón oscuro insistían en identificar al personaje con un estereotipo concreto o estructurar el relato de acuerdo con algún patrón de esos que enseñan las escuelas de escritura en la ciudad, intentaba eliminar por todos los medios aquella basura mental en torno a lo creado durante la jornada y estrangular al crítico obsesivo que había impedido durante tantos años el flujo mágico de esta vocación, después sentía palpitar el bosque en mi conciencia hasta que el anhelo de escribir se fundía completamente con el sueño.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Bushido o El Camino del Guerrero

Estos son los siete principios que rigen el código de Bushido, la guía moral de la mayoría de samurai de Rokugan. Sed fieles a él y vuestro honor crecerá. Rompedlo, y vuestro nombre será denostado por las generaciones venideras.

1. GI - Honradez y Justicia

Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.

Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.

Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

2. YU - Valor Heroico

Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir.

Un samurai debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.

Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

3. JIN - Compasión

Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos.

Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

4. REI - Cortesía

Los samurai no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales.

Un samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.

5. MEYO - Honor

El Auténtico samurai solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quien eres en realidad.

No puedes ocultarte de ti mismo.

6. MAKOTO - Sinceridad Absoluta


Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.

No ha de "dar su palabra." No ha de "prometer." El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.

Hablar y Hacer son la misma acción.

7. CHUGO - Deber y Lealtad

Para el samurai, haber hecho o dicho "algo", significa que ese "algo" le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan.

Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.

Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya.

Cuidado con el camino que sigues.